Creación imperfecta (3)

Torre de babel—Déjalos. Nunca llegarán hasta aquí —dijo Dios—. El cielo está demasiado alto.

—He visto un futuro próspero y complejo —anunció la serpiente.

Dios escuchó atento.

—¿Y qué más?

—El ser humano prosperará feliz y diverso. Aprenderá otras lenguas. Fundará escuelas. Abrirá negocios.

—De acuerdo. Sea.

Y Dios creó las lenguas del mundo.

La construcción de la Torre se detuvo. Los obreros se miraron, no se comprendieron, discutieron, se amenazaron y, finalmente, se marcharon. Colonizaron el mundo y los océanos. Dibujaron fronteras. Empuñaron espadas. Clavaron banderas.

Siglos después, cuando las academias de idiomas crecían como champiñones y el mundo era global pero no tan feliz como la serpiente había vaticinado, Dios le reprochó:

—Me la jugaste, compañera.

Ella lo observó con una media sonrisa dibujada en su rostro.

—¿Qué querías? Tu creación era demasiado aburrida.

Fuente de la fotografía: Abisso (racconto) via (licencia)

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