Creación imperfecta

—Y lo más importante: el brazo.

—¿Qué pasa con el brazo?

—Cuando duermo junto a Eva, acurrucados, siempre me sobra un brazo.

—¿Te sobra un brazo?

—Sí, no sé qué hacer con él. Y ella tampoco. Molesta.

—¿Os molesta?

—Sí, es un incordio. ¿No podrías idear algún sistema para que pudiéramos hacerlo desaparecer momentáneamente?

—¿Quieres que os desaparezca el brazo cuando decidáis?

—Sí, no sé, que se oculte en el pecho, por ejemplo.

—Lo pensaré —concluyó.

Adán volvió junto a Eva satisfecho porque había logrado convencer a Dios de que su creación era imperfecta.

—¿Para qué insuflaré yo vida a mis manualidades? —suspiró abrumado Dios.

—Todo puede arreglarse —comentó la serpiente.

Mientras, a lo lejos, el árbol de la ciencia del bien y del mal crecía robusto y solitario.

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