Luces, intermitente… se caló

—Encienda las luces —insistió el operario. Su voz comenzaba a teñirse de un azul oscuro, cuando hasta entonces nos había hablado con extremada indiferencia.

Dos años habían pasado. Y, como dos años antes, en el mismo lugar, y en el mismo coche, mi viejo Ford, heredado de mi primo, intentaba concentrarme en las instrucciones que el empleado de la ITV me gritaba.

—Las luces, por favor.

Paula me observaba inquisitiva.

—No te lo vas a creer, pero no recuerdo cómo se encienden.

Se rio, sin mucho énfasis. Supongo que creyó que bromeaba. Cuando le preguntaba qué le había seducido de mí, solía responderme: “Tu sentido del humor”. Yo sabía que mentía, pero disimulaba.Paula accionó las luces, justo antes de que el operario diera un grito azul marino.

—Marcha atrás.

Me concentré. La palanca de cambios me explicaba esquemáticamente cómo accionarla. Fui incapaz. Paula lo hizo.

—Intermitente derecho.

Pulsé las luces de emergencia.

—De acuerdo —gritó el hombre. —Lo daremos por bueno hoy. Antiniebla.

Accioné las luces largas. El intermitente. El claxon. Paula me pidió explicaciones sin palabras. El hombre se acercó. Su voz era ya negra y quemaba en los oídos. Su hombro derecho temblaba ligeramente.

—¿Me está usted vacilando?

Me encogí de hombros. Tomó notas en su informe.

—Ahora luces largas —me dijo mientras se situaba frente al coche. —Las de antes.

Los antinieblas fueron los primeros que conseguí poner en marcha. Luego pisé el embrague, metí primera, el coche cabeceó violentamente y se caló.

Paula gritó. El hombre retrocedió, se quedó afónico, con la boca abierta, y su brazo derecho se convulsionó hasta elevarse por encima del hombro. Por un momento me asusté. Así plantado frente a mí, tenía un cierto aire al bisabuelo franquista del retrato escondido en el desván de la casa del pueblo. Ese que tantas noches de insomnio me hizo pasar en el verano del 92. Me asustaba la tristeza de su mirada y su bigote puntiaguado.

—Ya está bien —aulló Paula.

—No ha sido queriendo.

No pareció convencerla. Salió del coche y se dirigió al hombre. Trató de calmarlo y se rindió cuando comprobó que ni su brazo se relajaba ni su voz era capaz de asomar entre sus labios.

—¿Te parece bonito?

Yo agaché la cabeza aunque no me sintiera arrepentido por un pecado que no había cometido. Una ambulancia se llevó al hombre quince minutos más tarde. Paula volvió al coche con el informe de la ITV en la mano. La inspección daba su OK por otros dos años. Nunca le pregunté cómo lo había conseguido.

Dos semanas más tarde, sin embargo, una notificación de la Dirección General de Tráfico me anunciaba la suspensión de mi carnet de conducir por seis meses. Lo acepté resignado, para expiar esas culpas de las que no me arrepentía.

Paula me dejó un mes más tarde. Siempre he sospechado que nuestra visita a la ITV fue la causa principal. Ella lo negó siempre. Habló de rutina, de sexo sin amor, de cambio de aires. Palabras demasiado blancas, para mi gusto.

Hace dos semanas, la vi paseando por un parque. No iba sola. Acercaba su oído a las palabras susurrantes de un hombre que pasaba su brazo derecho sobre sus hombros. No lo llegaba a apoyar. Simplemente disimulaba un gesto. Me escondí tras unos arbustos para verlos pasar. Hacían buena pareja. Ellos no me vieron. No hizo falta. Supongo que, años después, aún se acuerdan de mí. Yo a ella no la he olvidado.

A él, tampoco.

Anuncios

2 comentarios en “Luces, intermitente… se caló

  1. Este relato (excepto el final) me ha recordado mucho a la primera vez que mi tía fue a pasar la ITV de su Peugeot 106 Sketch que más tarde heredé yo. La que lió en la inspección es una de esas historias familiares que siempre salen a relucir cuando queremos reírnos un poco de ella. Pero vaya que las veces que luego llevé yo el coche, hasta que “murió” definitivamente hace dos años, tampoco mejoraron mucho aquella visita gloriosa de mi tía. Por eso siempre engañaba a alguien para que me acompañara y pasara el mal rato de la inspección por mí 😛

    Me gusta

    1. Cada año que paso la ITV me ocurre lo mismo. Me pongo nerviosísimo. Y este año literalmente no sabía cómo encender las luces, igual que al protagonista. Las acabé encendiendo de churro. El momento ITV solo es comparable al momento control de carretera. Me pongo tan nervioso que deberían hacerme abrir el maletero para buscar la droga 🙂

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s